Articulo – Neuronas en el pene

 

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Jöel López Astorkiza

Estoy harto de que para vender un portal de apuestas deportivas online pongan a un chica semidesnuda. De que un banco use la idea de que mirar a otra mujer puede ser infidelidad para vender que puedes ir a su banco teniendo cuenta en otro. Que para ilustrar una noticia sobre discos de vinilo pongan la fotografía de una chica, semidesnuda claro, escogiendo un elepé. De que otro banco venda la falta de comisiones con la idea de que por irte de despedida de soltero tienes que pagar la comisión de ir de compras con tu novia. Porque eso es lo que hacen los novios y las novias. De que un nuevo canal de televisión se estrene anunciando que puedes liarte con sus presentadoras. De que la contraportada de un periódico deportivo publique a una mujer, lo han adivinado: semidesnuda, diariamente. Harto, en definitiva, de que usen a la mujer como un dispositivo para que active las neuronas que llevo instaladas en el pene y que dirigen mis impulsos, mi vida y mis acciones. Porque claro, las mujeres son eso, objetos y los hombres solo tenemos neuronas en el pene. La cabeza, como decía mi abuelo la tenemos de perchero, lo justo para llevar la boina.

Estoy harto de que me tomen por idiota. Pero estoy mucho más harto de que les funcione. De que las grandes firmas de publicidad y las grandes empresas que las contratan decidan invertir millones y millones de euros en campañas, que seguro les parecen brillantes y graciosas, que perpetúan la idea machista de la sociedad. Donde las mujeres son objetos y los hombres, penes con neuronas. Y les funciona porque tanto los consejos de administración de esas empresas como gran parte de su público objetivo creen que eso del machismo es algo aislado, comentarios desafortunados que son malinterpretados por mujeres susceptibles e irritables que se dan por aludidas.

Estoy harto de que los hombres miren, miremos, para otro lado. Que fiscalicemos a cada mujer que verbaliza cada uno de los micromachismos que sufre cada día. Y que cada día me sorprenda pensando o haciendo alguno de esos micromachismos. Y que no pase nada. Y que no cambie nada. Y que me digan que es normal, que tampoco es para tanto. Y que los periodistas celebren el Día de la Mujer con condescendencia hacia la pobrecita mujer mientras los fines de semana, por ejemplo, los programas deportivos se llenan de chistes soeces y groseros porque a los hombres que nos gusta el deporte eso es lo que nos hace gracia. Y que los políticos no entiendan nada, y que ni siquiera intenten comprender nada. Yo soy machista, la sociedad es machista, he crecido en una sociedad sexista pero quiero cambiar la sociedad. Yo me quiero cambiar. El feminismo nos está mirando a los ojos y nosotros seguimos mirándonos el pene. ¿No dice el machismo que el hombre tiene que ser valiente? Ha llegado el momento de demostrarlo.

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